Qué es el cifrado, explicado sin matemáticas
Cifrado simétrico, asimétrico, de extremo a extremo y hashes, explicados con ejemplos cotidianos y sin fórmulas.
Cifrar es transformar una información para que solo pueda leerla quien tenga la clave. Sin ella, los datos parecen ruido sin sentido. El NIST lo define como la transformación de datos legibles (texto en claro) en una forma ilegible (texto cifrado) para ocultar su significado. Descifrar es el proceso inverso.
Lo usas decenas de veces al día sin darte cuenta: al abrir una web con HTTPS, al enviar un WhatsApp, al pagar con el móvil o al encender un portátil con el disco protegido.
La idea básica: el candado y la llave
Imagina una caja con un candado. Metes un mensaje, cierras, y solo quien tenga la llave puede abrirla. El cifrado funciona así, con dos diferencias:
- La «caja» son operaciones matemáticas que mezclan los datos de forma que, sin la clave, es prácticamente imposible deshacerlas, incluso con los ordenadores más potentes.
- La «llave» es un número muy largo: la clave.
La seguridad no está en que el método sea secreto (los algoritmos buenos, como AES, son públicos y están muy estudiados), sino en mantener secreta la clave.
Cifrado simétrico: una misma llave
La misma clave sirve para cifrar y para descifrar. Es muy rápido, por eso se usa para grandes cantidades de datos: discos enteros, archivos, la conversación con una web.
El problema: ¿cómo compartes la llave con alguien a distancia sin que nadie la intercepte?
Cifrado asimétrico: un buzón con dos llaves
Cada persona tiene dos claves relacionadas:
- Una clave pública, que puede conocer todo el mundo. Funciona como la ranura de un buzón: cualquiera puede echar un mensaje.
- Una clave privada, que solo tiene el dueño. Es la llave del buzón: solo él puede sacar y leer los mensajes.
Es más lento, así que en la práctica se combinan: con el asimétrico se intercambia de forma segura una clave simétrica, y con ella se cifra todo lo demás. Es lo que hace HTTPS en cada conexión. Además, el asimétrico permite firmar: demostrar que algo lo has enviado tú, como hacen los certificados de las webs o tu certificado digital de la FNMT.
Dónde lo usas
- HTTPS: cifra la conexión con las webs. Te lo contamos en HTTP y HTTPS.
- Cifrado de disco: BitLocker en Windows, FileVault en Mac o el cifrado de los móviles. Si te roban el equipo, sin la clave no pueden leer el disco. Microsoft explica que, si BitLocker detecta un cambio en el arranque, te pide la clave de recuperación: guárdala bien (dónde encontrarla).
- Mensajería de extremo a extremo: WhatsApp, Signal o iMessage cifran los mensajes en tu móvil y solo los descifra el del destinatario. Ni siquiera la empresa puede leerlos por el camino.
- VPN: cifran todo el tráfico entre tu equipo y el servidor VPN (ver qué es una VPN).
- Archivos comprimidos con contraseña, con AES-256 (ver comprimir y descomprimir).
Un primo cercano: el hash
Un hash no es cifrado, aunque se confunden a menudo. Es una «huella» de un archivo o un texto: siempre mide lo mismo, cambia por completo si cambia un solo byte y no se puede deshacer para recuperar el original. Se usa para:
- Comprobar que un archivo no se ha alterado, comparando su hash con el publicado. Puedes hacerlo con nuestra herramienta de hash de archivos.
- Guardar contraseñas: las webs bien hechas no guardan tu contraseña, sino un hash de ella.
Lo que el cifrado no hace
- No protege si la clave es débil: una contraseña corta se adivina. Usa contraseñas largas y únicas con un gestor de contraseñas.
- No protege el equipo ya desbloqueado: con la sesión abierta, un malware lee tus archivos igual que tú.
- Si pierdes la clave, pierdes los datos. Por diseño, no hay puerta trasera.
Fuentes consultadas
- encryption (glosario) (NIST Computer Security Resource Center)
- Introducción a la recuperación de BitLocker (Microsoft Learn)
- Cómo funciona Let's Encrypt (Let's Encrypt (ISRG))